Rosalba Garduño, música, tamales, vida y amor.

Published by

on

Los días fríos acompañan las afueras del hogar de Rosalba Garduño, “un día más que Dios nos permitió vivir” dice ella. Todo resulta más cálido dentro de la casa, aquí el frío destaca por su ausencia; un lugar rodeado por recuerdos, adornos y vitrinas que contienen copas y platos dignos de colección, los cuales son utilizados sólo para ocasiones especiales. Este pequeño recorrido lleva a la habitación preferida de la protagonista, la sala, donde ella ve sus telenovelas preferidas, habla con su esposo, o donde llega a dormir cuando el sueño la toma desprevenida. 

Rosalba, de 74 años, muestra una actitud alegre y tranquila, viste con una chamarra color rosa coral y un suéter café debido a las bajas temperaturas de temporada. En esta sesión ella está acompañada por su esposo, Ángel Tena, quién es testigo de una serie de memorias imborrables. Una pareja que cuenta con poco más de 50 años de matrimonio. “Nos conocimos en los bailes del pueblo que se hacían por aquellos años, un día nos vimos y desde ahí empezamos a salir juntos” relata ella.

En el lugar llama la atención un gran mueble esquinado, el cual está repleto de discos musicales, desde Agustín Lara a José José, seguido por Juan Gabriel y Luis Miguel, esos son algunos de los nombres que se alcanzan a distinguir, personajes que dan una idea sobre los gustos musicales de Rosalba. Encima del mueble se encuentran algunas fotografías de sus nietos, cinco en total, se trata de un lugar especial.

De todos los personajes musicales que albergan dicha vitrina destaca uno en particular, Javier Solís, cantante mexicano de la década de los 40´s y 50´s. “Me gustaba mucho cómo cantaba” comenta Rosalba, “Yo no lo llegué a ver, pero sí escuchaba sus canciones como desde hace 16 años” prosigue. Respecto a esto, ella también comenta que escuchaba su música favorita mientras realizaba las labores domésticas, el “quehacer”, acción que repite hasta el día de hoy. La música es una parte importante de su vida cotidiana.

“Mis papás eran muy buenos (dice Rosalba), mi mamá se llamaba Prisiliana Flores Navarro y mi papá era Faustino Garduño Rivera. A mi papá le gustaba cantar, él era alegre y mi mamá también”.

Uno de los muros de la sala está ocupado por un gran librero que tiene papeles arrumbados de recibos, recetas o recordatorios importantes; en otro espacio hay libros para todos los gustos, desde enciclopedias hasta obras clásicas, todos bien acomodados, esperando a ser leídos en cualquier momento; y, justo en medio del estante, hay una vitrina que alberga más recuerdos, son fotografías de las hijas de Doña Rosalba, Carina y Daniela, quienes visten de blanco junto a sus parejas en sus respectivas bodas.

“Mi papá no quería a tu abuelo en un inicio, nos protegía mucho, me acuerdo de que una vez él me visitó aquí en la casa y mi papá lo sacó a balazos disparando al aire con un rifle que tenía” cuenta Rosalba, refiriéndose a sus primeros años de noviazgo con Ángel, un inicio peculiar para una relación que deja ver un poco de la personalidad que tenía el padre de Rosalba.

“Mis papás eran muy buenos (dice Rosalba), mi mamá se llamaba Prisiliana Flores Navarro y mi papá era Faustino Garduño Rivera. A mi papá le gustaba cantar, él era alegre y mi mamá también”. Al hablar de sus padres, a nuestra protagonista se le dibuja una sonrisa en el rostro debido a los recuerdos del momento “mi mamá era muy enérgica, a ella igual le gustaba la música, el tango, y nos decía que teníamos que enseñarnos a lavar, cocinar y hacer muchas cosas”.

“Contando a los todos son cuatro hombres y dos mujeres” cuenta ella sobre sus hermanos, “con casi todos me llevo bien, pero con quien me llevo mejor es con Patricio” dice sobre uno de sus hermanos que actualmente radica en Estados Unidos. La familia es una parte importante de la vida de Rosalba, esto se nota por la alegría y el entusiasmo con el que habla sobre las personas con las que ella ha compartido una buena parte de su niñez y juventud.

Y precisamente, la juventud de Rosalba resulta una de las más importantes para ella por los acontecimientos que marcaron su vida, como su primer trabajo, el inicio de su relación de noviazgo, su boda y su primer hijo. En cuanto su trabajo, ella habla “trabajé un buen rato en una fábrica dedicada al vidrio, hacíamos vasos, tasas, platos, de todo. La fábrica estaba en Naucalpan y de ahí me acuerdo de dos vasos con figuras de caballos que todavía tengo”, Rosalba toma un momento para salir de la sala y acercarse a la vitrina del comedor, de ahí saca los vasos en cuestión, cuyo diseño es ovalado hacia la base, con un degradado en color rojo y por supuesto las figuras de los caballos de color blanco. 

De igual forma, ella relata que poco a poco empezó a salir más a los bailes y cómo en uno de ellos conoció a su esposo, tal y como lo adelantaba al inicio de la entrevista. 

La relación de Rosalba con Ángel llegó al punto de una boda, momento que ella recuerda con anhelo y nostalgia. “Mis papás no me dijeron nada por casarnos y mis suegros eran igual buenas personas”. Recientemente, la pareja acaba de celebrar sus bodas de oro, evento que conmemora los más de 50 años de unión en matrimonio.

Esta complicidad entre Rosalba y Ángel también se trasladó a la cuestión económica, puesto que tuvieron un negocio bastante exitoso de tamales que perduró por 42 años, razón por la cual, varias personas de la colonia San Pedro Xalpa, de la alcaldía Azcapotzalco, reconocen a la feliz pareja.

“Iniciamos los tamales como un juego y por necesidad, ya que necesitábamos dinero y fuimos buscando la manera para aprender a hacerlos. Al inicio nos quedaban chiquitos y desabridos, pero con el tiempo y la práctica fuimos mejorando” comenta Rosalba. Su negocio terminó hace un par de años debido a que las ventas bajaron y también por la llegada de la pandemia derivada por covid-19.

Finalmente, Rosalba cierra con su sentimiento de ser madre por primera vez, hecho que llegó cuando ella sólo tenía 18 años y que marcó su vida para ser una abuelita cariñosa en el futuro. “No podía creer que yo podía dar a luz a un bebé, a otra persona, sentirlo en mis manos fue único y muy bonito, algo que no podré olvidar”.

Deja un comentario